28/Sep/2009
Por Angy Newman, la Life Coach No. 1 de México
¡Tú eres lo más Importante
“Un proverbio dice que no muchos hombres pueden amar sin sentir envidia a un amigo cuya fortuna prospera; y alrededor de la mente envidiosa el frió veneno se adhiere, y duplica todo el dolor que la vida le ocasiona. Necesita cuidar de sus propias heridas y siente la felicidad de los demás como una maldición”.
La envidia es causada por falta de autoestima, aunque sabemos que es algo natural, existen personas que hacen de ella algo de su vida, es decir, día a día buscan razones para lastimar, ofender, agredir y humillar a quienes sin deberla ni tenerla no les hace absolutamente nada.
Conozco a personas muy de cerca que se les ve seguras, tranquilas y tal vez, felices, pero que son “ABSOLUTAMENTE MANIPULADAS POR LOS DEMÁS” permiten en su camino que alguien muy cercanos a ellos les convenza con tonterías y mentiras sobre alguien que ni por tu mente había figurado que la envidiaras.
Entonces, la envidia debe ser generada por algo que deseas de esa persona, es normal, ponte a trabajar y obtén todas las estrategias para superarla y ser mejor. Pero si alguien te la impone (hablo de la envidia), te aseguro que serás doblemente infeliz y derrotado por cualquier persona que te diga “que envidies” así es, desde tu madre, padre, hermanos, esposo, amigas, compañeros de trabajo, etc. Esta es una realidad. Aprende a elegir a tus rivales, no se lo permitas a nadie más.
“Si quieres envidiar, aprende a seleccionar contra quien vas a luchar”.
Es peligroso mostrarte superior a los demás, pero lo más peligroso de todo es parecer libre de toda falla o debilidad. La envidia genera enemigos silenciosos. Lo inteligente es poner de manifiesto, de vez en cuando, tus defectos y admitir vicios inofensivos, a fin de desviar la envidia y parecer más humano y accesible. Solo los Dioses y los muertos pueden parecer perfectos impunemente.
El envidioso se oculta con tanto cuidado como el secreto y libidinoso pecador, y se convierte incesante inventor de tretas y estratagemas para ocultarse y enmascararse. De esa forma, le resulta posible simular que ignora la superioridad de otros, esta superioridad le carcome el corazón, como si no te viera, ni te oyera, ni tuviera conciencia de ello, ni jamás hubiera oído hablar de ti. Pareciera un maestro de la simulación, por otro lado, trata con todas sus fuerzas de disimular y así evitar que cualquier forma de superioridad aparezca en cualquier situación. Si esto ocurre, lo envuelve una oscuridad, críticas excesivas, sarcasmos y calumnias, como un sapo que escupe su veneno desde el agujero en que vive.
Por otra parte, elevará sin cesar a los hombres insignificantes, a la gente mediocre, e incluso inferior en el mismo tipo de actividades.
Una de las cosas que más difíciles resultan al ser humano es manejar sus sentimientos de inferioridad. Al enfrentarnos con una capacidad, un talento o un poder superior, a menudo nos sentimos perturbados e incómodos; esto se debe a que tenemos una conciencia exagerada de nosotros mismos, y cuando nos encontramos con quienes nos superan, nos percatamos de los aspectos en que somos mediocres o al menos no tan brillantes como creíamos. Esta perturbación de nuestra imagen personal no puede tolerarse mucho tiempo sin que despierten emociones negativas.
Primero sentimos envidia: si tuviésemos las cualidades o la habilidad de esa persona superior a nosotros mismos seríamos felices. Pero la envidia no nos brinda consuelo ni nos acerca a la persona a la que envidiamos. Tampoco podemos admitir que sentimos envidia, porque es un sentimiento que la sociedad condena: mostrar envidia significa admitir que nos sentimos inferiores.
Entre amigos cercanos podemos llegar a confesar nuestros deseos secretos y no realizarlos, pero nunca admitiremos sentir envidia. De modo que es un sentimiento clandestino. Lo disimulamos de muchas formas; por ejemplo, encontramos motivos para criticar a la persona a la que envidiamos: decimos que podría ser más inteligente que nosotros pero no tiene valores morales o conciencia, o podrá tener más poder, pero ello se debe a que engaña o hace trampas. Si no los desprestigiamos, quizá los elogiemos en exceso, lo cual no es más que otra forma de disimular envidia.
Hay diversas estrategias para manejar la insidiosa y destructiva envidia. Tienes que aceptar el hecho de que siempre habrá individuos que de algún modo, serán superiores a ti, y aceptar también que puedes llegar a envidiarlos. Utiliza este sentimiento como fuerza impulsora para tratar de igualar o superar a esas personas algún día. Si dejas que la envidia se vuelva hacia adentro, te envenenará el alma. Expúlsala y podrás elevarte más alto.
Segundo, comprende que, a medida que vayas ganando mayor poder, quienes están debajo de ti te tendrán envidia. No lo demostrarán, pero es inevitable. No aceptes ingenuamente la fachada que te muestra: aprende a leer entre líneas las críticas, los pequeños comentarios sarcásticos, las virtuales puñaladas por la espalda, el elogio excesivo y la mirada de resentimiento.
Los grandes problemas de la envidia aparecen cuando no la reconocemos hasta que ya es demasiado tarde.
Por último, debes de saber que cuando los demás te envidian, trabajarán de modos insidiosos contra ti.
Pondrán en tu camino obstáculos que jamás preverás o cuya fuente no podrás descubrir. Es difícil defenderte de este tipo de ataques. Para cuando te des cuenta de que es envidia lo que subyace en los sentimientos negativos de una persona, a menudo es demasiado tarde: las disculpas, la falta de humildad, las acciones defensivas no harán más que exacerbar el problema.
Ya que es mucho más fácil evitar la envidia antes de que aparezca, que deshacerte de ella una vez que se ha desarrollado, debes de planificar con cuidado para evita que ese sentimiento crezca. A menudo son las propias acciones las que generan envidia, la propia inconsciencia. Al identificar las acciones o cualidades que generan envidia, podrás cortarlo por lo sano antes de que contamine toda tu vida.
Hay ciertos tipos de personas que generan envidia y que, cuando ésta surge, son tan culpables como quienes la sienten. El más obvio de estos tipos de personas es muy bien conocido por todos: en el momento en que algo bueno le sucede, ya sea por suerte o por esfuerzo propio, hacen una gran alharaca; hasta pareciera que se complacen en hacer que otros se sientan inferiores. Este es el tipo más obvio “de generadores de envidia”. Pero hay otros que generan envidia en forma más sutil e inconsciente y en gran parte son culpables de tus dificultades.
“La envidia es un problema para las personas que poseen grandes talentos naturales”.
No trates de ayudar o de hacer favores a quienes te envidian, pues pensarán de ti que actúas con condescendencia. Una vez que la envidia se muestra como lo que es, la única solución suele consistir en huir de la presencia del envidioso y dejar a que hierva en su propia salsa.
Soy Angy Newman
¡Controla tus emociones!
Gracias y que Dios te bendiga.