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La ira y las emociones son estratégicamente contraproducentes

21/Sep/2009

Por Angy Newman, la Life Coach No. 1 de México

“Tú eres lo más importante”

 Siempre deberás mantenerte sereno y objetivo; pero si enfureces a tu enemigo mientras conservas la calma, obtendrás una ventaja decisiva. Descubre a tus enemigos: descubre su grieta a través de la cual puedas sacudirlos y manejarlos.

Dentro de lo posible, no debes de sentir animosidad contra nadie… hablar a una persona en tono irritado, demostrar odio a través de las palabras o la mirada, es un accionar innecesario: peligroso, ridículo, tonto y vulgar.

La ira y el odio nunca deberás demostrarlos sino en lo que uno hace y los sentimientos serán tanto más eficaces si se traducen en acción, ya que con ello se evita exhibirlos en cualquier otra forma. Solo los animales de sangre fría tienen mordeduras ponzoñosas.

En general, una persona furiosa termina pareciendo ridícula, porque su reacción suele resultar desproporcionada con respecto a lo que provocó: ha tomado las cosas demasiado en serio y exagerado la dimensión del daño o el insulto del que ha sido víctima. Este tipo de persona suele ser tan sensible que hasta causa risa la facilidad con que toman todo en forma personal.

Más graciosa aún es su convicción de que los estallidos de furia son muestras de poder. En realidad, son todo lo contrario: la petulancia no es señal de poder sino de impotencia. Quizás al principio los demás se sientan sorprendidos por esos berrinches pero al final perderán todo el respeto hacia ti. Y también comprenderán que les resulta muy fácil socavar el poder de una persona tan poco capaz de controlarse.

Sin embargo, la solución no consiste en reprimir las reacciones furiosas o emotivas, porque la represión nos quita energías y nos impulsa a conductas extrañas. En cambio, debemos modificar nuestra perspectiva: comprender que en el ámbito social y en el juego del poder nada es personal.

Todos nos hallamos atrapados en una cadena de hechos originada en un momento muy anterior al presente. A menudo, nuestra ira, se arraiga en problemas de nuestra infancia, en los problemas de nuestros padres, que provienen, a su vez, de la infancia de ellos y así sucesivamente. Nuestra ira también tiene raíces en las diversas interacciones con otras personas a lo largo de nuestra vida, en las desilusiones y amores frustrados que hemos sufrido. Con frecuencia una persona aparecerá como el instigador de nuestra ira, pero se trata de algo mucho más complicado, que va mucho más allá de lo que la persona nos dijo o hizo.

Si una persona se enfurece contigo (y esa reacción parece por completo desproporcionada en relación con lo que tú hiciste), deberás recordar que esa ira no va solo dirigida a ti…no seas tan vanidoso. La causa es mucho más grande, se remonta en el tiempo, acumula docenas de heridas previas, y en realidad no vale la pena intentar comprenderla. En lugar de verlo como una cuestión personal, considera el estallido emocional como un movimiento de poder disimulado, un intento de controlar, disfrazado con el manto de la ofensa y la ira.

Este cambio de perspectiva te permitirá jugar en el juego del poder con mayor claridad y energía. En lugar de reaccionar en forma desmedida y verte envuelto en las emociones de los demás, puedes revertir esa pérdida de control del otro y usarla en beneficio propio: DEBES DE MANTENER FRIA LA CABEZA, mientras que el otro la pierde, a eso se le llama fuerza interna.

Durante una importante batalla de la guerra de los Tres Reinos, que tuvo lugar en China en el siglo III D.C, los asesores del Comandante Ts´ao,  descubrieron documentos que demostraban que ciertos generales del emperador habían conspirado contra el enemigo; por lo cual instaron al comandante a arrestarlos y hacerlos ejecutar. En lugar de eso Ts´ao hizo quemar los documentos y dejó que el asunto cayera en el olvido. En ese momento crítico de la batalla, alterarse o reclamar justicia habría jugado en su contra: pues cualquier tipo de acción violenta originada en la ira hubiese llamado la atención sobre la deslealtad de aquellos generales y así habría dañado la moral de las tropas.

La justicia podía esperar; el comandante ya se encargaría de ella a su debido tiempo, Ts´ao conservó la calma y tomo la decisión adecuada.

La ira no hace sino reducir las opciones, y el poderoso no puede prosperar sin opciones. Una vez QUE HAYAS APRENDIDO A NO TOMAR LAS COSAS EN FORMA PERSONAL Y A CONTROLAR TUS RECCIONES EMOCIONALES, te habrás ubicado en una posición de enorme poder, que te permitirá jugar con las reacciones emocionales de los demás. Empuja a los inseguros a la acción impugnando su hombría y tentándolos con la perspectiva de una victoria fácil.

Si estas frente a un impetuoso y precipitado enemigo, no reaccionar resulta una reacción excelente. Sigue la táctica de Talleyrand: nada es tan irritante como un hombre que mantiene la calma mientras los demás la pierden. Cuando puedas obtener una ventaja desconcertando a tu adversario, adopta una posición de aristocrática displicencia, sin burlarte ni mostrarte triunfante sino solo haciendo gala de suma indiferencia. Esto encenderá la mecha.

Cuando tu adversario se haya puesto en una situación embarazosa a raíz de sus ataques de ira, habrás ganado varias victorias, una de las cuales es que, frente a una actitud infantil, LOGRARAS MANTENER TU DIGNIDAD Y COMPOSTURA.

Recomendación: si intentas jugar con las emociones de alguien deberás tener mucho cuidado, debes de estudiar siempre por adelantado a tu adversario, ya que existen algunos peces que es mejor dejarlos en el fondo del estanque.

 Prudencia, observación, inteligencia y paciencia son tus armas de por vida.

 Soy Angy Newman           

 ¡Controla tus emociones!

Gracias y que Dios te bendiga.