14/Sep/2009
Por Angy Newman, la Life coach No. 1 de México
“Tú eres lo más importante”
¡Hola, estupendas fiestas!
Como cada día de mi vida enormemente agradecida y enamorada por todos los acontecimientos que están a mi alrededor.
Nuestro artículo de hoy “¿En que piensas?…no preguntes tanto” es recordar y recuperar la importancia de callar y esperar. Cuando estamos siempre tratando de que alguien nos escuche y repetimos lo mismo, en este caso en nuestras relaciones personales o familiares, causamos un efecto contrario en nuestras vidas. Simplemente “los o nos hartamos”..
Cuando aceptamos la libertad emocional y física de quienes amamos o necesitamos, logramos mejores relaciones, es decir, si aprendemos que en el silencio se aprende, se goza y se reconforta nuestra alma y espíritu, a la vuelta de nuestras vidas veremos y tendremos una calidad de vida personal estupenda y por supuesto, con los demás.
Es de sabios callar y escuchar, es de cortesía dejar que las cosas tengan su curso natural.
Tranquilas, un poco de tiempo, el “tiempo extra necesario” te da plenitud y sinceridad en tu relación.
Un fuerte y sincero abrazo con mucho cariño.
Bendiciones siempre para sus vidas.
“¿En qué piensas?” Esta pequeña frase inocente puede llegar a ser intolerable para el marido que vuelve cansado de la oficina y que por fin puede dejar que su pensamiento vague libremente por donde le plazca.
En ese momento el “¿en qué piensas?” se convierte en la pregunta más absurda y más indiscreta del mundo; lo sacarás de su retiro más íntimo, donde se ha refugiado para extraer la fuerza que le permitirá de nuevo hacer frente al mundo exterior. Se verá obligado a responder y, bruscamente, se volverá a encontrar con los pies sobre la tierra y cansado. Deberás buscar el lenguaje con el que uno se comunica con los demás. Y, ¿qué contestar? La molesta respuesta a una pregunta que lo es todavía más, es el conocido “en nada…” que produce tanto malestar y tristeza”.
En la tentativa fallida de comunicarse; se han cruzado una pregunta y una respuesta y el silencio se ha encrespado, se ha vuelto más incómodo, más inquietante y más tenso porque uno no acepta el silencio del otro y porque el otro siente que no se admite su silencio… sin embargo, admitir que el compañero esté silencioso o absorto en un pensamiento o una idea cualquiera que lo aleja de ti, es reconocer su libertad interior y su derecho a lo imaginario.
Naturalmente, son necesarias las concesiones de una y otra parte para que la vida en común sea armoniosa. La mujer, por ejemplo, deberá respetar la necesidad en silencio de su marido y él, a su vez, deberá satisfacer la necesidad de diálogo de su esposa, dejar que se exprese, escucharla y responderle.
En el mismo caso puede encontrarse la esposa que trabaja fuera o que está demasiado cansada por las labores de la casa. Corresponde, entonces, al marido ser comprensivo y no sentirse ofendido por el silencio de ella.
En nuestra época, la necesidad de silencio y de tranquilidad entre los habitantes de las grandes ciudades, cada día más agredidos por el ruido y la agitación, es muy grande. Cuando ambos cónyuges trabajan fuera del hogar, los dos necesitan de tranquilidad y silencio, pero cuando la mujer permanece en casa se siente aislada y experimenta la necesidad de charlar con su marido, de salir después de una jornada dedicada a los quehaceres domésticos. Esta situación es a menudo fuente de conflictos. En esto, como en otros tantos casos, cada uno debe hacer algunas concesiones; cada uno debe preocuparse por el otro si quiere evitarse problemas graves.
LA MUJER debe comprender el hastío y el cansancio del esposo al final de una jornada de trabajo, sobre todo si tiene que recorrer un trayecto largo para ir desde la oficina a la casa y no exigirle salir con frecuencia por la noche.
EL HOMBRE debe de reconocer que su esposa también realiza cada día un trabajo fatigoso, monótono, a veces, ingrato, al cual consagra numerosas horas a la semana y que no es retribuido ni reconocido por la sociedad. También tener presente el agotamiento nervioso que ocasiona la presencia de los hijos y la constante preocupación por su bienestar moral y físico y no imponer a la mujer a una vida enclaustrada alegando que él nunca está en casa y, por ello, no dispone de tiempo suficiente para disfrutar la compañía de los suyos.
¡AL FIN SOLO! Otra manera de respetar la LIBERTAD del otro es permitirle que, algunos ratos, pueda estar a solas.
Para la madre de familia que desempeña una actividad profesional es una cuestión de higiene mental poder disfrutar de algunos instantes de silencio y de soledad en una habitación cerrada, ya que ella nunca está sola en su casa y que ni siquiera se reconoce su derecho a estarlo. ¿No es su deber consagrar el poco tiempo que pasa en casa a sus hijos y a su esposo? Si trabaja en un lugar ruidoso o si tiene que soportar la presencia continua de numerosas personas en la misma habitación donde trabaja, le es bastante difícil poder concentrarse y este esfuerzo constante terminará minando su equilibrio nervioso… ¿y no queremos eso, verdad señores?
Con mucha frecuencia se queda en la oficina durante la hora de la comida pues prefiere dejar de comer para disfrutar una hora de silencio.
Su pareja, su marido, su compañero deberá o intentará comprenderla cuando algunos domingos le pide que se lleve a los niños a pasear para que ella pueda quedarse tranquila en casa; tiene necesidad de un rato de soledad.
Y esa necesidad es tan poderosa en algunas personas que, al no poder satisfacerla, se vuelve nerviosa, irritables o deprimidas. Por lo tanto, cuando uno de los esposos exclame: “NECESITO ESTAR SOLO”, el otro por favor, no debe sentirse rechazado, como si te dieran con la puerta en las narices pensar que tiene algo contra ti.
Sabemos que la Institución más importante es la familia, pero para que haya una verdadera familia, un hogar, ya sea solo por esposo-esposa, madre-hija, abuela-nieto, tía-sobrino, etc., es fundamental el espacio y la libertad emocional. Hay personas que siguen pensando o neceando que hay que vivir o estar como “muéganos” casi respirando uno encima del otro, hable y hable, no, esto ahora no es así. El silencio es un momento de felicidad, de dicha, de tranquilidad, y créanme, se vive con mayor y mejor armonía cuando se dan “permisos o consideraciones” entre los integrantes de la familia. Una mirada o una actitud te pide o te suplica “hoy no, por favor, hoy no”.
La cortesía en las relaciones humanas mejoran increíblemente las actitudes de las personas, la cortesía es algo que se aprende en casa y en la escuela. Los adultos somos los responsables de educar y apoyar a las generaciones los valores que influyan en su bienestar presente y futuro, es decir, la mayor calidad y cantidad de valores que se les recuerden a niños y jóvenes mejorará su vida personal, será equilibrada, aunado, a una nación mejor, es cuestión de principios.
“No hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti”.
Soy Angy Newman
¡Controla tus emociones!
Gracias y que Dios te bendiga.