31/Ago/2010
Por Angy Newman, la Life Coach No. 1 de México
“Tú eres lo más importante”
En esta Newmanía “Dos batallas, sometimiento y amor entre hombre y mujer” es una muestra en donde un gran porcentaje de mujeres pierden sus objetivos profesionales por lograr la unión tan mencionada desde nuestra infancia “el casarnos” convirtiéndose, en ocasiones, un producto de la sociedad.
Cuando se entiende, pero que de verdad se entienda, que el hombre “si busca una pareja, si una mujer para formar un hogar y una familia” pero que también requiere de respeto, individualidad, comprensión, aceptación, tolerancia y mucha ayuda en la comunicación abierta, se conjugan entonces “relaciones duraderas, responsables, amadas y dignas de prosperidad”.
Ni tu ni él son piezas de ajedrez movidas por los intereses de los demás, “tu haces tu destino, pero también tus acertadas decisiones hacen tu felicidad o tu desdicha”.
“Escoger o ser escogidas” no te priva tu libertad emocional, espiritual y profesional.
¡Los dos son los responsables de buscar primero su felicidad, y después, la de los demás!.
Para la mujer el amor quiere decir poder, para el hombre significa sometimiento. Para la mujer, es un pretexto de la explotación comercial; para el hombre es una coartada emocional para justificar su existencia de esclavo. “Por amor” hace la mujer las cosas que le son útiles, y el hombre las que le perjudican. La mujer deja de trabajar “por amor” cuando se casa; el hombre cuando se casa, trabaja “por amor” para dos. El amor es para las dos partes lucha por la supervivencia. Pero una de las partes sobrevive sólo si vence, y la otra sólo si pierde. Es una ironía el que las mujeres se hagan con sus mayores ganancias en el momento de mayor pasividad, y que la palabra “amor” haga irradiar de ellas el halo de la generosidad incluso cuando más despiadadamente están engañando al hombre.
El hombre disimula con el “amor” un cobarde autoengaño y se convence de que su absurda esclavitud por la mujer y sus rehenes es una cosa honrosa y tiene un sentido elevado. El hombre la mayoría de las veces está contento con su papel. Al ser esclavo alcanza la meta de sus deseos. Se dice que la mujer obtenemos ventajas de ese sistema, no va a cambiar nada, es más, nadie se escandaliza por ello. Lo único que es justo esperar de una mujer es “amor”. Se dice que el hombre seguirá rindiendo cada vez más, y cuanto más rinda, tanto más se alejará de él la mujer. Cuanto más la desee, tanto menos deseable será él para ella. Cuanto mayor sea el confort con que la rodee, tanta más cómoda, la mujer se puede volver poco ambiciosa a sus ideales, y tanto más solo se quedará él.
Esto se piensa y se dice por la búsqueda intensa y agobiante de la mujer para casarse y creer que la felicidad es eso, “casarse” (de eso hablamos en el artículo anterior), aunado que el estatus social, económico y cultural al cual pertenezca la mujer busca a su presa (al hombre) de acuerdo al mismo hábitat que los dos conozcan. Entre la cazadora y la presa se dan acuerdos previos, por ejemplo: visitan los mismos lugares, asisten a las mismas escuelas, viajes, educación, hábitos, idiomas, árbol genealógico, vestimenta, lugar de nacimiento, es más, se atraen por el mismo “humor”, me refiero a que huelen igual, ponle el olor que quieras, pero es verdad, de ello también se identifica el estatus, hábitos y educación de las personas.
En nuestra Newmanía nos quedamos en el tema de las jóvenes de familias menos bien que trabajan provisionalmente, pero con el mismo fin (no importa el estatus, el deseo de tener una pareja es el objetivo de la mayoría de las mujeres). Finalmente las dos formas de compromiso son provisionales, de dice que no duran hasta la boda, y, en los casos más duros, hasta el embarazo, tal vez haya una gran ventaja: la mujer que se casa en esas condiciones ha abandonado su profesión o sus estudios “por amor del hombre que eligió”. Y un sacrificio así, es tomado en cuenta.
Muchos insisten en que el trabajo profesional y el estudio de la mujer no sirven más que para falsear las estadísticas y para esclavizar aún más irremisiblemente al hombre.
Para el hombre, su profesión y el trabajo es siempre una cuestión de vida o muerte. Precisamente los primeros años son los decisivos, en la mayoría de los casos, para todo su futuro: un hombre que no esté ya en plena carrera a los veinticinco años es un caso desesperado. En esta primera época el hombre despliega todas sus capacidades, y enfrenta a sus competidores con una pugna a navajazo limpio. Constantemente está al acecho tras la máscara del generoso compañerismo; registra con temor cada señal de superioridad de otro, y apunta con no menos exactitud cada síntoma de debilidad del contrincante.
Con todo lo cual no pasa de ser un pequeño engranaje de la gigantesca máquina económica que le aprovecha con todas las reglas del arte (HOMBRE-MUJER). Dicen que las mujeres no conocemos la lucha, porque perdemos interés a nuestros objetivos profesionales y personales una vez que hemos visualizado y cazado a nuestra futuro compañero y/o esposo, como por arte de magia interrumpimos casi todo. Cuando se casan buscan a un marido que tiene el mismo nivel de vida que uno mismo (por favor, siempre que se unan con alguien, estén seguros que tenga “cuando menos” el mismo nivel económico que el tuyo, sino es así, tienen ya un 25% de desventaja en su relación) ya que así tienen “por el momento sus necesidades cubiertas”. El camino más corto para triunfar (casarse) es definitivamente un exterior atractivo y un estilo propio y educado que te ubique como alguien educada, fina y tolerante.
En conclusión: resulta que todas renunciamos a la carrera, POR AMOR, total, lo que cuenta es casarnos… ¡sorpresa! Un título académico te va a elevar automáticamente a un mayor valor en el mercado, pues existe un buen grupo de hombres que se sienten personalmente halagados por el hecho de que su mujer posee un título universitario (¡hay que ver lo listos que son!), si además somos sexy, hogareñas, limpias, buenas cocineras, buenas amantes pero sobre todo ahorradoras, ¡seguro nos casamos!
De todos modos, hay mujeres que siguen trabajando profesionalmente después de los veinticinco años, por varias causas:
1. La mujer se ha casado con un hombre que gana menos que ella.
2. La mujer es estéril (en este caso, algunos hombres cuando se les apaga la pasión, no ven que haya un motivo alguno para seguir manteniéndola).
3. Es una mujer no muy agraciada físicamente.
4. Es una mujer emancipada.
5. Es una mujer interesada por una determinada profesión (lo que la hace renunciar desde el principio a tener marido y niños propios).
Lo único que importa de todo esto es que jamás dejes de ser tu misma (o) esa es la diferencia del éxito o fracaso de las relaciones.
Soy Angy Newman
¡Controla tus emociones!
Gracias y que Dios te bendiga.
Visita mi nueva columna en www.mylovingay, sección Servicios y da un click en Consejos y otro click en Coach: Angy Newman